Teníamos tanto frío que decidimos caminar lo más juntos posible.
Esa noche veníamos ya medios borrachos desde un bar y nuestras ganas de seguir conversando estaban incandescentes.
Caminamos hasta Santa Rosa, donde encontramos una "picada", la cual
según tú era buena. Resultó ser un bar de mala muerte, pasado a cigarro
(aún se podía fumar dentro), pero que a fin de cuentas nos sirvió para
pasar un rato la lluvia que rajaba el cielo afuera.
Decidimos irnos a mi casa.
-¿Te puedo besar?
-No tengo nada que ofrecerte.
La verdad es que sí, tenía todo mi mundo que ofrecerte.
De hecho lo hice.
No hay comentarios
Publicar un comentario